EL RÍO QUE
PERDIÓ SU NOMBRE
(Cuento)
Con la conquista española del imperio incaico, los habitantes
wankas que tenían fresco el recuerdo de la invasión Incaica, percibieron a los
españoles como sus salvadores, se aliaron a ellos y lograron la conquista del
imperio Inca. En represalia, los incas que ofrecieron resistencia a la conquista
sabedores de tal alianza destruyeron Hatún Xauxa, Tunanmarca, Wariwilca y todo
lo que recordara la grandeza del señorío Wanka, también prohibieron que sea
pronunciado la palabra Wanka y todo lo que evocara el recuerdo de esta,
aquel que desobedeciera la orden incaica recibiría el mas cruel castigo:
la muerte.
En esa época estaba fresco en la memoria colectiva lo
realizado por los incas en Maquinhuayo, donde colgaron miles de manos cortadas
de los aguerridos wankas que ofrecieron resistencia a la conquista incaica en
su capital Tunanmarca al noroeste del valle del Wankamayo.
Cuando los españoles y evangelizadores preguntaban como se
llama ese río que los acompañaba en su caminar de norte a sur por los Andes de
Nueva Castilla, nadie contestaba, porque todos eran conscientes de lo que podía
pasarle al que osara pronunciar lo prohibido, en esa época el río, era un río
sin nombre, el río había perdido su nombre.
Con el tiempo los evangelizadores españoles avanzaron por la
quebrada que forma el río, hasta la región de los Antis, y preguntaron a los
nativos ashaninkas el nombre del río, quienes le dijeron que se llamaba Mantaro,
y así empezó a llamarse el rio Wankamayo de los Xauxas hasta nuestros días.
Cuenta la leyenda que cuando las aguas del río sean descontaminadas y sus aguas cristalinas
sea fuente de vida, el río dejara de llamarse Mantaro, y recobrara su nombre primigenio Wankamayo.